El gran problema que tiene Zaragoza desde 2008 y nadie sabe cómo hacerle frente
Zaragoza 03 de Enero de 2026
El gran problema verde de Zaragoza no está en los barrios periféricos ni en los nuevos desarrollos urbanos. Está a la vista de todos, ocupa más de 120 hectáreas y nació con vocación de símbolo internacional. El Parque del Agua Luis Buñuel, uno de los principales legados de la Expo 2008, arrastra desde hace casi dos décadas una pregunta sin respuesta clara: quién debe cuidarlo y cómo hacerlo viable.
Desde 2008, el parque ha pasado por distintas etapas de entusiasmo, abandono y parches provisionales. Hoy vuelve al centro del debate político y ciudadano coincidiendo con la presentación del proyecto de Presupuesto Municipal de 2026 del Ayuntamiento de Zaragoza, que eleva el gasto en Medio Ambiente y Movilidad hasta los 234,98 millones de euros.
Dentro de esa cifra, el consistorio señala como “prioritaria” la recuperación del Parque del Agua, para lo que ha previsto una partida inicial de 350.000 euros dentro de un plan plurianual 2026-2028 dotado con 2,23 millones.
El problema del Parque del Agua no es nuevo ni coyuntural. Su origen se remonta a la Expo Zaragoza 2008, cuando fue diseñado como un espacio híbrido: gran parque urbano, infraestructura hidráulica, zona de ocio, deporte y experimentación ambiental. Un proyecto ambicioso, premiado y reconocido, pero también costoso de mantener para una ciudad como Zaragoza una vez desapareció el paraguas económico de la Expo.
La disolución en 2017 de la sociedad municipal Zaragoza Expo, que hasta entonces se encargaba de su gestión, marcó un punto de inflexión. Desde ese momento, el mantenimiento quedó fragmentado, sin un modelo estable ni recursos suficientes. El resultado es visible: canales colmatados, instalaciones cerradas, concesiones desaparecidas y una pérdida progresiva de biodiversidad.
“Está gravemente herido”
La alarma más contundente ha llegado en los últimos meses desde voces directamente vinculadas al nacimiento del parque. Francisco Pellicer, exdirector de Operaciones y Contenidos de la Expo y presidente de la asociación Legado Expo, ha advertido públicamente del deterioro acelerado del recinto.
Según los datos que maneja esta entidad, han desaparecido más de 800 árboles respecto a los plantados en 2008. Pero el problema va más allá de lo vegetal. “El ciclo del agua está interrumpido. Si no se actúa, en uno o dos años el sistema empezará a oler a podrido”, alerta Pellicer. La acumulación de biomasa y suciedad ha bloqueado el circuito que alimenta riego, canales navegables, embarcaderos, el canal de aguas bravas y los huertos educativos.
El Gobierno municipal defiende que el aumento presupuestario de 2026 refleja una apuesta clara por una ciudad más sostenible. El área de Medio Ambiente crecerá un 12%, hasta los 4,03 millones, con impulso a proyectos como el Bosque de los Zaragozanos, la renaturalización de patios escolares y actuaciones de salud ambiental. Parques e Infraestructura Verde superarán los 33,8 millones, con reformas largamente demandadas como la del Parque Tío Jorge.
En ese contexto, el Parque del Agua vuelve a figurar como prioridad. Pero la cifra asignada plantea dudas entre expertos y colectivos ciudadanos. ¿Puede un espacio de más de 120 hectáreas recuperarse con inversiones parciales y sin un modelo de gestión definido? Esa es la gran incógnita que sobrevuela cada anuncio.
Un legado sin modelo
El Parque del Agua no sufre solo por falta de dinero, sino por falta de rumbo. No es un parque convencional ni una simple zona verde. Es una infraestructura compleja, con sistemas hidráulicos, equipamientos singulares y una dimensión metropolitana. Mantenerlo exige una estrategia a largo plazo, coordinación institucional y, probablemente, una fórmula de gestión específica que hoy no existe.
Desde Legado Expo celebran avances como la próxima reapertura de la Torre del Agua, pero advierten de que no basta con rescatar iconos aislados. “Nuestro reto inmediato es el Parque del Agua”, insiste Pellicer.
Diecisiete años después de la Expo, Zaragoza sigue sin resolver qué hacer con su mayor pulmón verde. Y mientras la ciudad debate presupuestos, el tiempo —y el deterioro— sigue corriendo en Ranillas.
Fuente: HoyAragon

