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El Parque del Agua de Zaragoza se seca

Zaragoza 16 de Noviembre de 2025

Fue uno de los mayores legados de la Expo 2008 a la ciudad, una gran zona verde de 124 hectáreas llenas de vida y sostenible; la única que logró una bandera verde, el distintivo de excelencia en gestión medioambiental. Hasta 2017, el Parque del Agua fue un buque insignia en Zaragoza, un enclave innovador. A partir de la disolución de la sociedad que lo gestionaba, todo se frustró.

El circuito del agua está “herido de muerte” y necesita una “intervención decidida, voluntad política y una cantidad económica importante”. Es lo que defiende Francisco Pellicer, quien fuera uno de los directores adjuntos de la muestra internacional y presidente de la asociación Legado Expo, que denuncia el estado de abandono del parque.

El principal problema es el circuito del agua, que era una demostración de sostenibilidad absoluta. Se captaba del Ebro, las acequias y el nivel freático agua contaminada y se devolvía limpia al río después de utilizarla para regar, navegar en el embarcadero y el canal de aguas bravas y nadar en las playas de la Expo. Usos variados para un disfrute completo.

Con el circuito dañado esas aguas “no se pueden depurar”. “Hay una acumulación de biomasa orgánica que se ha ido forjando año tras año por falta de limpieza”, detalla. Sirve para constatarlo un paseo a lo largo del circuito del agua del gran parque.

El recorrido empieza en la imponente noria siria, con 16 metros de diámetro y diseñada por artesanos de Hama (Siria). “Nos pareció interesante tomar esa tecnología que tiene 2.000 años y que es prototipo de sosteniblilidad y traerla a Zaragoza para dar valor a este espacio”, detalla Pellicer. Los artesanos trabajaron la madera en Zaragoza y buena parte de los clavos llegaron de Albarracín.

Mucho calor y una guerra

En su conservación hubo dos circunstancias “penosas”. Una fue el clima de Zaragoza: el calor secó la madera y la agrietó. La segunda fue la guerra de Siria, que impidió que los artesanos salieran del país y se perdió la pista de dónde se encontraban.

En febrero de 2011, Juan Antonio Ros hizo una réplica en acero corten. Con ello, la noria pesa más y gira. “Si no la vemos funcionar es por culpa de los gestores del parque, que solo tendrían que dar a un botón”, lamenta Pellicer.

Junto a la noria hay un edificio que utilizó la sociedad de desarrollo de la Expo y lleva años cerrado. La asociación ha pedido, sin éxito, que se use como un centro de educación y de exhibición, para contar qué es el parque.

Por el tejado de este inmueble discurre el agua que se capta del río, el nivel freático y las acequias. Se eleva con una bomba supletoria, y cae a través de una cascada a un estanque en el que, por decantación, se desprende la arena, la arcilla y soluciones químicas. Es un estanque que tiene las mismas dimensiones que el de las murallas de Grisén, cuando el canal pasa sobre el Jalón. En el paseo que lo jalona se ve cómo el problema de los alcorques vacíos afecta, también, al Parque del Agua.

El agua clara, aún contaminada, debería pasar a un acueducto con filtros verdes que está ahora varado. “De inicio se construyó mal y no ha habido un mantenimiento suficiente para garantizar su uso”, dice Pellicer.

Aunque considera que tiene un “potencial enorme”, con unas vistas “inmejorables”. A pesar de ello, cree que con el tiempo lleva camino de convertirse en una zona de “agua encharcada podrida y maloliente”.

El acueducto alberga una acequia, que se podría reparar, y un filtro verde con zonas sectorizadas por las que debe pasar el agua y los nutrientes son absorbidos por plantas acuáticas. En la actualidad está inoperativo, ya que el agua se queda en el estanque y no fluye hacia el acueducto.

Las plantas, sin embargo, han seguido ahí, creciendo cada vez más y generando una biomasa, materia orgánica en descomposición, que impide el flujo del agua.

En una parte del acueducto, la más próxima a una residencia, se han sustituido las plantas acuáticas por un jardín xerófito, que requiere muy poco riego. De haberse mantenido el uso inicial, el agua iría pasando de una balsa transparente a otra, y circulando. Así se crearía un espacio verde.

Pero nada tiene que ver con la realidad. En una de las balsas ha crecido un olmo y hay basura. Da la sensación de ser un espacio yermo. Y eso que desde el acueducto hay una vista inmejorable de las concesiones del parque de agua, casi todas cerradas. Se ve el Spa Ranillas, cerrado a cal y canto, símbolo de los desmanes de la Expo 2008 y pendiente, aún, de que desde la concejalía de Presidencia del Ayuntamiento de Zaragoza saquen a licitación la gestión.

De las catorce concesiones del Parque del Agua, solo funcionan con normalidad el Pabellón de Ceremonias, el de Celebraciones, el quiosco-acueducto, los huertos urbanos, la parcela canina, el edificio de distribución frío-calor y el minigolf. Trabaja el Ayuntamiento en la puesta punto del canal de aguas bravas, que podría ser el primero en resurgir. Aunque necesitará agua para poder hacerlo.

Del jardín de plantas acuáticas no queda ni rastro. En un miniestanque de agua encharcada se ve un envase de detergente flotando. Hubo un tiempo en el que desde este miniestanque nacía una cascada que permitía oxigenar por segunda vez el agua. La empresa de mantenimiento que cuida del parque se dedica, según el presidente de Legado Expo, a cortar el césped. Pero “una cosa es ser jardinero y otra, esquilador”, ironiza.

Desde las gradas del acueducto se vislumbra, a duras penas, un andador que debería permitir dar paseos por las plantas, carrizales, que conformaban el gran filtro verde del circuito de agua. El acceso está restringido por vallas. Un trabajador pinta cruces rojas en cada tabla de madera rota, y superan la media docena.

Hay vegetación sin retirar desde hace «muchos años». «Se va acumulando vegetación, y ni entra ni sale agua. Es un humedal que en poco tiempo empezará a oler mal», alerta Pellicer.

El filtro verde se debería eliminar con carácter anual. En él se refugia mucha fauna, de manera que se tendría que cortar un año una zona y el siguiente, la otra. No se hizo y es ahora un espacio que se ha naturalizado: lo que deberían ser aneas de metro y medio pueden alcanzar tres metros.

Uno de los trabajadores asegura que llega el agua desde otro canal y señala que el corte de las plantas no se puede hacer ni con máquinas ni con picadoras, ni de marzo a octubre para no alterar a los pájaros. El gran problema es la acumulación de vegetación. “Como no ha habido mantenimiento, la solución es ahora mucho más costosa”, recuerda Pellicer. Explica, también, que si el agua se transporta por un canal, a modo de bypass, tampoco se depura. “Esto está muerto. Volver a poner en macha esta infraestructura verde requeriría volver a hacerla de nuevo”, advierte.

Al pie de la Torre del Agua hay una represa que cerraría el ciclo del agua. Hay líquido verde y retenido. Recuerda Francisco Pellicer cómo, el día que se inauguró el parque, el ingeniero que lo diseñó cogió agua en un vaso de esa represa y se la bebió: “El agua tenía calidad de baño y se utilizaba para el embarcadero, que está cerrado, para los canales de riesgo y para las playas de la Expo. Ahora sería impensable hacerlo”.

El fallo del sistema hídrico

La petición que formulan desde el Legado Expo es la misma que expone Iñaki Alday, el arquitecto que lideró el equipo que diseñó el parque, en el informe que le encargó hace unos meses el Ayuntamiento de Zaragoza para chequear la mayor zona verde de la ciudad. Urgían en él a revisar el sistema hídrico para “no desencadenar graves consecuencias” ya que “el futuro del parque depende de ello”. Recomendaban, también, la reforma integral de la noria siria.

Concluía que lo más delicado era la colmatación de las balsas de fitodepuración por la pérdida de capacidad filtrante y la acumulación de sedimentación. La “deficiente” gestión del canal generaba “zonas muertas” con estanqueidad de las aguas, que pueden derivar en un aumento de plagas y riesgos para la salud pública.

Pero el Parque del Agua no está en la agenda de prioridades. El presupuesto municipal recogía un plurianual de 3,2 millones hasta 2028, con 200.000 euros este mismo año que, meses después, desaparecieron.

Porque ¿cuánto cuesta adecentarlo? Pellicer desconoce las cifras e indica que lo fundamental es “reparar las infraestructuras y mimar y atraer a los concesionarios, para que el parque sea un lugar de encuentro”.

La asociación está preparando ahora un mapa sobre el estado del arbolado que hay en el Parque del Agua. Entienden que sería un buen lugar para la expansión del Bosque de los zaragozanos. Desde Legado Expo insisten en que realizan una “acción política” pero hablando siempre de ciudad, “sin referencias directas a los partidos políticos”. En su opinión, lo más importante para la supervivencia del parque es “reactivar el filtro verde”.

Fuente: Heraldo