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Roque Gistau, el director de orquesta de la Expo, 18 años después: “Aquí nadie robó, y en el momento actual es trascendente decirlo”

Zaragoza 14 de Junio de 2026

“Me pasa como a los criminales, que siempre vuelven al lugar del crimen”.  Con la socarronería aragonesa, regresó Roque Gistau, quien fue presidente de Expoagua, a Ranillas, el recinto que albergó hace ahora 18 años la Exposición Internacional de Zaragoza, dedicada al Agua y el Desarrollo Sostenible. Y lo  primero que hizo fue reivindicar el «buen hacer» de los que trabajaron en el proyecto, plenamente convencido de que la Expo “se hizo bien, con voluntad y esfuerzo”. “Aquí nadie robó y en el momento actual es muy trascendente decirlo”, recalcó. No hubo problemas de tesorería, aunque hubo obras, como el Pabellón Puente, en el que se disparó el presupuesto. Al cierre contable, la Expo registró un déficit de 0,8%, ocho millones de más de 1,000 de inversión.

Sí reconoce Roque Gistau  que alguna cosa “se hizo mal”, y el error más garrafal fue dejar morir la Tribuna del Agua, un foro internacional que “merecía continuidad en Zaragoza”, con un centro de transferencia de conocimiento del agua. Ni él ni sus compañeros lograron salvarla. Y esa es la espinita que lleva clavada en el corazón, aunque no se cansa de reivindicarla de nuevo.

Para el director de orquesta de la Expo, con la conmemoración el pasado 5 de marzo del centenario de las confederaciones de ríos en España, se pone de relevancia su importancia. “La gestión del agua es importantísima para el mundo, y hay que tener un sitio pionero con un modelo singular”, demanda. 

Recurrió Gistau al lenguaje militar para defender que hay que “aprovechar el éxito”. Y una parte crucial de la Expo fue la participación de 3.000 expertos en tratamiento de agua y un trabajo documental que fue básico para que, dos años después, Naciones Unidas declarara el derecho humano al agua y al saneamiento. 

Fuednte: Heraldo

Fue la Torre del Agua una obsesión para Roque Gistau. Siempre la concibió como un faro, el elemento emblemático que quedaría de la Expo. Su voz no se escuchó. En su regreso a Zaragoza ve cómo la torre está en obras, al fin. “Van a hacer un restaurante y un museo, supongo…”, señala. Ese es el uso de previó en el décimo aniversario.

Pero más que en lo material, pide Gistau que se fije la mirada en lo trascendental, que es «la gestión de agua». Es de esperar por su trayectoria profesional que, más allá de llevar el timón de la Expo, estuvo vinculada al campo de las aguas y la ingeniería hidráulica.

En el desarrollo de Ranillas y pasados 18 años, considera que las cosas se han hecho «muy bien». A pesar de que retiraron el entoldado que protegía la Expo y hace un «calor del demonio». Echa en falta, siempre lo dijo, viviendas. “Faltan pisos porque por la noche es un recinto del pirateo”, ha reiterado este domingo. En su día propuso que los cacahuetes donde está la Ciudad de la Justicia albergaran pisos pero fue una idea que “no le compraron”.

Para difundir el legado intelectual de la Expo renuncia a quedarse anclados en el pasado. Su propuesta consiste en mirar al futuro. Hay que recuperar la Tribuna del Agua, como centro de trasferencia, y mira directamente al Pabellón de España. “A Teresa Rivera se lo dije muchas veces”, recalcó. Por ahora no le han escuchado.