Un tesoro oculto de mil objetos Expo salvados del desguace en Zaragoza: “Mientras desmontaban, iba acaparando lo que podía”
Zaragoza 14 de Junio de 2026
El camión del Iceberg, barcos, los trajes y las carrozas del Circo del Sol. Javier Galán ‘salvó’ la memoria de la muestra.
La última cruzada de Javier Galán comenzó cuando se apagaron las luces de la Expo 2008. “Mientras estaban desmontando, yo iba acaparando todo lo que podía”, recuerda. Fue tirando de cuadrillas y dio “la pelea por el arte”. El intenso trabajo duró hasta la Navidad de 2008, y el botín, más de mil piezas, se depositó en el Pabellón de las Artes, en uno de los cacahuetes de Ranillas.
Profesor de Bellas Artes, Galán fue consciente el día de la clausura de que se avecinaba un gran desastre. Se plantó en el despacho de Paco Pellicer, director adjunto de Contenidos, y le planteó que no podían perder ese patrimonio. Lo consiguió.
Recuerda que empezó la “locura”, una lucha contra el reloj para acumular todas las piezas que fuera posible. Había maquetas expositivas, elementos de márquetin, vestuario… “Todo lo que puedas imaginar”, señala.
La situación tenía mucho que ver con lo que había sido la Expo: “Se decía que no nos la iban a dar, la logramos; que no llegaríamos a tiempo, y lo hicimos; que no vendría nadie, y se alcanzaron seis millones de visitantes”.
Por eso vio claro Javier Galán que las piezas que se estaban desmontando eran “patrimonio de Zaragoza” y que había que guardarlas.
El tesoro oculto de la Expo está catalogado y documentado._El valor sentimental supera el económico con creces en un legado de lo más vintage. Guardan como oro en paño el camión que salía de la cabeza del Iceberg. Fueron a recogerlo con una grúa y se lo llevaron. En el equipo, el único licenciado en Bellas Artes era él, pero sostiene que la defensa del patrimonio de la Expo “es una responsabilidad de todos”.

Explica que cuando fragmentaron el Splash, la espectacular escultura de la Torre del Agua, “fue como si se cortara en piezas pequeñas la memoria y luego es muy difícil reubicar las sensaciones que suscitaba”.
En la colección hay fachadas de pabellones, las puertas de Marruecos, la caravana del Circo del Sur y los trajes de los artistas, barcos a tamaño real y maquetas. Mucho merchandising… Es lo que había cuando se catalogó. Aunque no hay certezas de que siga ahí ni tampoco de en qué estado se encuentra.

El año 2028, cuando se cumplirán 20 años de la Expo 2008, se ve como un excelente momento para recuperar este tesoro oculto, que se salvó in extremis del desguace. Para ponerlo en valor se necesitarían meses de trabajo, quizá incluso años, con un cuidado exquisito del trato a dar a estas exclusivas piezas.
avier Galán considera que la colección no es algo que deba estar “enjaulado”. “Es un ente vivo que necesita gestión, cuidado, inversión. Y estará vivo si su contenido se puede ver en diferentes sitios”, asegura.
Cita, como Paco Pellicer, la necesidad de que haya reflejo de la muestra de Zaragoza en el Museo de Shanghái, donde hay piezas de las exposiciones.
Insta a dar una visión holística más que expositiva. Pide que se impulse por mucho más que por el mero hecho de rescatarla del olvido. En su opinión, se corre el riesgo de que la gente olvide por qué trabajaron los que se esforzaron en preservarlo. El patrimonio, explica, “no es solo el valor de las piezas, sino los sentimientos al relacionarse con los objetos”. Insiste en que la Expo “se hizo bien” pero con los años se ha ido borrando. Recuperar esta colección «puede ayudar a que algunos se centren”.
Es muy crítico Galán con los que vienen de Madrid a criticar lo que aportó la Expo a Zaragoza, pasando por alto innumerables aspectos.
Él mismo creyó en la muestra, hasta el punto de regresar a casa de Alemania para trabajar en ella tres años y recuerda que cuando llegó no habían puesto ni un ladrillo. Cuando acabó, junto a Pellicer y Esmeralda García, se «pegó» con los que desemontaban la Expo para poder preservar su memoria.
Si tuviera que elegir un objeto, se quedaría con una maqueta para personas invidentes de la plaza temática Oikos, agua y energía, de la que él era coordinador. “Era táctil y se podían imaginar qué iban a encontrar en el interior. Sin ser la más bonita ni la mejor, refleja lo que fue la Expo para los que la vivimos desde dentro. Porque lo dimos todo. Nos dejamos las tripas”, recuerda. Reivindica, por ello, un respeto a su legado.
Fuente: Heraldo

