Muere el artista y agitador cultural Miguel Ángel Arrudi

Zaragoza 11 de Enero de 2023

Como persona y como artista, Miguel Ángel Arrudi Ruiz (Zaragoza, 1950) era infatigable. El estudio de trabajo se le quedaba pequeño. Pintaba, hacía esculturas, diseñaba intervenciones artísticas, ideaba performances y planteaba proyectos que parecían descabellados pero luego, vistos con atención, no lo parecían tanto. El penúltimo de ellos proponía rescatar de la demolición las chimeneas de la central térmica de Andorra para reaprovecharlas y convertirlas en monumentales aerogeneradores de electricidad, a su vez material para una intervención artística. Aragonés de los pies a la cabeza, era incombustible. Como no le hicieron caso con lo de las torres, cuando en marzo pasado dinamitaron dos de ellas propuso un funicular para la torre superviviente. Tampoco le prestaron atención, pero no le importó. Ahora, esa fuerza creativa que era Miguel Ángel Arrudi, que se autodefinía como «un artista ecléctico multidisciplinar», se ha extinguido. Falleció este miércoles en su domicilio, acompañado de los suyos.

Arrudi fue un artista poliédrico y difícilmente clasificable. De hecho, la crítica acuñó el término ‘arrudismo’ para intentar ponerle etiquetas a quien las rompía todas. Empezó a pintar a los 10 años y a los 14 ingresó en la Escuela de Artes y Oficios, pero ya antes de acabar los estudios, en 1966, celebró su primera muestra individual, en la sala Calibo. Tres años más tarde se presentaba en el Centro Mercantil, en la muestra ‘Seis pintores contemporáneos’, junto a Broto, Monclús, Maturén, Rubio y Zaro.

Vivió unos años ‘locos’ en Italia, desde 1978 hasta 1984. Allí, al tiempo que trabajaba para empresas del ramo de la cerámica –su formación primigenia era de diseñador–, se vinculó a la Transvanguardia entonces tan en boga. Rompió luego con ella, tras iniciarse en el grafiti, y creó el grupo Nuevo Renacimiento, que tuvo fama efímera –Arrudi aseguraba que le expulsaron temporalmente del país– por realizar pintadas en la iglesia de Santa María della Sallute de Venecia.

De vuelta a su Zaragoza natal, mantuvo una intensa labor creativa y social, dedicándose a la pintura, la escultura y, sobre todo, a la obra pública. Obra que le llegaba por encargos o tras haber ganado algún certamen. Entre 1991 y 1997 presidió la Asociación de Artistas Goya Aragón. Este último año se le diagnosticó un cáncer de garganta y tiroides, del que afortunadamente se repuso, pero la enfermedad dio un giro a su vida y empezó a orientar su obra más hacia la naturaleza que a espacios urbanos.

Aunque nació en Zaragoza su familia provenía de Sallent de Gállego (de donde era el famoso gigante con quien compartía apellido) y durante varias temporadas vivió algunos meses al año en el refugio de Ibonciecho, en el valle de Tena, muy cerca de las estrellas. Allí, a más de 2.200 metros de altura, aseguraba que jugaba al golf en unos hoyos que había improvisado para él solo.

Enamorado de los Pirineos, los convirtió en su principal fuente de inspiración. Ansiaba una auténtica simbiosis del hombre, el arte y la naturaleza. Y en ello ha estado hasta el último de sus días.

«Añado a mis obras la propia naturaleza –aseguraba–. Procuro que evolucionen con el tiempo, que cambien según lo hace el medio natural en el que se encuentran. No me importa que la naturaleza se apodere de la obra».

En 2008 el Ministerio de Medio Ambiente le encargó que sembrara la ribera del Ebro con 610 ranas de bronce. Aunque con los años muchas han sido arrancadas u ocultadas por la vegetación, sus ‘ranillas’ se convirtieron en uno de los iconos populares de la Expo.

Entre su obra pública en Aragón destacan el Monumento al Justiciazgo de Sallent de Gállego, la instalación ‘Los océanos’, en honor a Odón de Buen en Zuera, o ‘Las tres sorores’ en la avenida de Ranillas zaragozana. Pero muchos proyectos se le quedaron en el cajón, sin nadie que los avalara. «En el taller guardo ideas que ni siquiera me dejan presentar», aseguraba.

El funeral por Miguel Ángel Arrudi será mañana a las 13.30 en el cementerio de Torrero, a escasos metros de una de sus creaciones más queridas, el Memorial a las Víctimas de la Guerra Civil y la Posguerra. «Emociona ver que la obra que has hecho tiene respuesta de la gente», decía cuando la inauguraron y vio cómo cientos de personas la recorrían y se emocionaban con ella.

María Luisa Grau: «Era un creador precoz, provocador e inagotable»

La historiadora del arte María Luisa Grau, conservadora del IAACC Pablo Serrano, es una de las especialistas que se ha acercado a la obra de Miguel Ángel Arrudi, especialmente cuando preparó su tesis sobre ‘La pintura mural en la esfera pública de Zaragoza’. Grau destacaba este miércoles que el artista aragonés «ha sido un creador precoz, provocador, singular e inagotable».

«Una de sus principales aportaciones ha sido la de impulsar la presencia de la pintura mural en el espacio urbano –añadía–. Fue el único artista profesional que durante los 80 se dedicó de una manera más o menos continuada a esta práctica, y sus trabajos supusieron la introducción de las corrientes artísticas contemporáneas en el ámbito de la pintura realizada en las calles de la ciudad».

Entre sus obras, la especialista destacaba «el mural de la antigua sede del PSOE en Zaragoza, el conjunto de murales para las piscinas y el graderío del Centro Deportivo Municipal Gran Vía o el mural que recorría la rotonda central del Centro Cívico Delicias. Ninguna de éstas se conserva hoy».

Para la historiadora del arte, Arrudi «tenía una personalidad incansable que constantemente ideaba nuevas aventuras artísticas, no exentas de provocación y a veces imposibles de materializar».

Y subrayaba: «Nunca dejó de pintar, y esta dedicación a la pintura la confesaría en las páginas de HERALDO ya en 1964, cuando acababa de obtener el Primer Premio del Concurso Juvenil de Pintura al aire libre. A la pregunta, de ‘¿Por qué pintas?’, respondió: ‘La pintura es una necesidad que no podré dejar nunca’».

Fuente: Heraldo