Edificios Emblemas

Zaragoza, 16 de Junio de 2013

El periodico de Aragon se hece voz de los cambios de rumbo que pueden tener los diferentes emblemas de la Expo. Conidermos que lo peor que le puede pasar a estos edificios es seguir dejándolos en el olvido y que no se hable de ellos.

 El diario publica esto:

  Cinco años después de la Expo, los cuatro grandes iconos arquitectónicos no solo siguen en desuso sino que, además, todos ellos han cambiado de planes, los han retrasado o se han abandonado. El Pabellón de España ha decidido aparcar el proyecto estrella del Instituto de Investigación sobre el Cambio Climático (I2C2). Ibercaja cederá el Pabellón Puente al Ayuntamiento de Zaragoza para que lo use en los próximos seis meses como sala de exposiciones y como una de las sedes para el Congreso Iberoaméricano de la Cultura que acogerá en otoño. El museo de la ciencia que se iba a crear en la Torre del Agua ya es pasado después de que la CAI haya decidido abandonar y rescindir el contrato para gestionar el edificio los próximos 20 años. Y el Pabellón de Aragón, ni siquiera se sabe para que servirá. Esa es la foto fija actual de cuatro edificios emblemáticos que costaron 185 millones de euros.

El último varapalo que va a recibir el recinto de Ranillas llegará en las próximas semanas de la mano del pabellón de España. Después de llevar cinco años trabajando en abrir un centro de referencia internacional de investigación sobre el cambio climático –que el Gobierno central había prometido abrir en el 2009–, este proyecto quedará reducido a una simple oficina desde la que pueda seguir avanzando en su diseño el grupo de trabajo creado para tal objetivo.

DOS MILLONES

En el 2012 hubo una partida en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de dos millones para hacerlo que no se gastaron, y este había más de tres consignados de los que apenas se gastarán dos. Es lo que cuesta ejecutar el proyecto de rehabilitación que ya ha elaborado el arquitecto Pachi Mangado, autor del edificio cuya construcción costó 16,5 millones de euros. Solo se necesitarán tres meses de obras y el Ministerio de Hacienda decidirá en «las próximas semanas» si se inician este verano o se dejan para el 2014.

El diseño va dirigido a «usos docentes y administrativos». El Gobierno central ha decidido reutilizar sus más de 9.000 metros cuadrados de superficie para alojar en su interior «varias delegaciones» pertenecientes a diferentes ministerios que ahora están repartidas por la ciudad para ahorrarse el alquiler que ahora pagan. Algunas de ellas correspondientes a servicios que presta la Delegación del Gobierno en Aragón. También se ocupará una parte para aulas en las que se desarrollarán actividades educativas sobre las que nadie ha concretado si serán universitarias o formativas. Solo «usos docentes», dicen los responsables de esta reutilización.

FUTURO INCIERTO

La decisión se suma a la adoptada hace unas semanas por la CAI sobre la Torre del Agua, por la que ya ha llegado a un acuerdo económico para indemnizar a la propiedad, Expo Zaragoza Empresarial, para abandonar su reutilización como museo de la ciencia. Mañana se aprobará en el consejo de administración de la sociedad gestora del recinto de Ranillas, para que la entidad abone unos 440.000 euros y, con ese dinero plantearse qué hacer. Lo más probable es que acabe saliendo a concurso la explotación de la planta mirador, se pague la reinstalación en su interior de la escultura Splash y se piense ya en un futuro realizable. La única propuesta en firme es la de Esciencia, presentada hace más de un año, que ofrecía rentabilizar este icono con una inversión de poco más de un millón de euros.

También mañana, se prevé aprobar la cesión por parte de Ibercaja del Pabellón Puente por un periodo aproximado de seis meses al ayuntamiento de la ciudad. El museo de referencia internacional dedicado a las nuevas tecnologías deberá esperar, como mínimo al 2014 porque, según afirmaron fuentes oficiales de la entidad aragonesa, «los escasos recursos de la Obra Social se van a dedicar a proyectos de empleo y formación», y no a un proyecto que está «ralentizado» y que «ahora no es prioritario» y cuyo coste para ponerlo en funcionamiento asciende a 1,5 millones.

HASTA EL 2014

Su uso ahora quedará en manos del consistorio, hasta el próximo mes de diciembre y a coste cero para las arcas municipales. Puestos a esperar, mejor abrirlo para la gente. Dos citas ya tiene asignadas el puente de Zaha Hadid para este año: una exposición temporal que ya se está preparando para estrenarla en septiembre y el Congreso Iberoamericano de la Cultura que se celebra en noviembre, como una de las tres sedes en Zaragoza que lo albergará, junto al Centro de Arte y Tecnología y el palacio de Congresos de la Expo.

Al menos se abrirá al público, algo que por ahora no puede garantizar nadie para el pabellón de Aragón. La enorme cesta de frutas ideada por los arquitectos Olano y Mendo aún no tiene destino claro. Se construyó pensando en su reutilización como sede de la Consejería de Educación de la DGA, que ahora se instalará en las oficinas del parque empresarial Dinamiza. Luego se pensó como referente de la de Justicia, por empeño personal del entonces consejero Rogelio Silva. Pero también decayó. Y la última idea partía de reconvertirlo en una gran biblioteca con fondos bibliográficos de referencia, un modelo inexistente en Aragón. Ahora solo se plantea sacarlo a licitación sin saber muy bien para qué. Ni garantizar si su uso será 100% público.

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/temadia/el-pabellon-de-espana-cambia-de-planes-y-aparca-instituto-del-cambio-climatico_862298.html

Patxi Mangado: «Tenía la sensación de que no iba a reutilizarse y daba coraje y angustia»

El navarro Patxi Mangado es el autor del diseño del Pabellón de España. Lleva a gala haber concebido todo un icono de la arquitectura moderna que para su construcción fueron necesarios 1,5 millones de euros menos de los que se presupuestaron al inicio, «el único con el que se ahorró dinero», sin sobrecostes que, para los tiempos que corren, tiene más mérito aún. Pero su alegría se debe ahora, más aún, porque el abandono que sufre su edificio está próximo a finalizar. De hecho admite que «hasta este año no he tenido una sensación real de que fuera a reutilizarse», una percepción que borra «el coraje y la angustia que daba» verlo año tras año con un futuro definido pero que no terminaba de arrancar.

No oculta que «alojar allí una Escuela de Arquitectura habría sido la mejor opción» y ahora admite que «aunque no tendrá el Instituto sobre el Cambio Climático que siempre prometieron, hemos logrado una adaptación para que tenga otros usos docentes y administrativos».

Lleva meses trabajando en un proyecto de ejecución que costará «dos millones de euros» a pesar de que «no habrá que tocar elementos estructurales y la intervención en él será mínima». Obras como instalaciones de servicios que ahora no tiene (como una red de fibra óptica y nuevas tecnologías), reponer suelos y reparar los desperfectos que se detectan y poner en marcha el perímetro del agua». Además, dice que no son muchas las piezas de cerámica, de ese bosque de columnas exterior tan característico, dañadas por el deterioro.

El pasado miércoles estuvo visitándo el edificio junto a responsables de Patrimonio del ministerio competente y afirma que «lo que más hay que hacer en él es limpieza por estar tanto tiempo abandonado, pero poco más». «El 98% de sus elementos está en buen estado de conservación», añade. Es fácil de recuperar porque «aunque nunca pensé que el parón que iba a sufrir fuera tan largo, lo hice previendo que tuviera una fácil adaptación».

Por último, agradece que la DGA haya apostado por declarar el conjunto arquitectónico de la Expo como Bien de Interés Cultural, algo «poco habitual por ser tan reciente» pero que él mismo se apresuró a felicitar por carta a la presidenta de Aragón, Luisa Fernanda Rudi.

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Enrique de Teresa: «Está mejor viva que abandonada, aunque la usen como discoteca»

El arquitecto Enrique de Teresa es el autor de la Torre del Agua, un edificio emblemático de la Expo que lleva cinco años cerrado a cal y canto y, desde hace pocas semanas, sin un futuro definido después de que la CAI haya decidido renunciar a su museo de la ciencia y a gestionarlo. Él por su parte, asegura no saber nada de su reutilización «desde mayo del 2011», cuando la entidad habló con él para preparar un proyecto constructivo en el que incluso se planteaba ganar dos plantas más de altura para su futuro uso. Nunca lo llegó a entregar, nadie se lo reclamó.

Mientras, ha seguido los acontecimientos que se han sucedido y ahora asegura sentir «cierta tristeza» por ver su torre así, pero apostilla con satisfacción que «aguanta bien el abandono». «Es un orgullo para mí que desde el principio se pensara que el edificio iba a tener una presencia destacada en la escena urbana de la ciudad y eso se ha conseguido, se mantiene y los zaragozanos tienen una imagen positiva de ella pese a que no tenga uso», añade. «Aunque es frustrante ver cómo todas las expectativas e ilusiones se han venido abajo», señala.

En realidad sí se ha usado, pero solo para rodar spots publicitarios y, más recientemente, para albergar la presentación del nuevo Golf de Volkswagen, un evento para el que se reutilizó, además, como discoteca. Aunque se tuvo que enterar por los medios de comunicación, tampoco se muestra muy disgustado porque «está mejor viva que abandonada, aunque a uno no le gusta demasiado que un edificio tan emblemático sea vestido de esa manera». «Como no me enteré no lo tuve que sufrir lo que pasó allí dentro, pero también es verdad que nunca hubiera sospechado que la Torre ofrecía unas posibilidades tan variadas», ironiza De Teresa.

Mientras, ahora que no se sabe su uso, habla quizá con más libertad de qué le gustaría que acabe siendo: «Solo quiero que sea un edificio de uso público, colectivo, para todos, y mantenga esa premisa de ser el mirador sobre la ciudad y el paisaje. Es un objetivo modesto, poco costoso y ofrece muchas opciones. Que lo abran a recibir propuestas imaginativas que cumplan con esa expectativa», dice.

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Daniel Olano: «Es terrible y muy triste tener este edificio cerrado y sin darle un uso»

Daniel Olano y Alberto Mendo concibieron el Pabellón de Aragón «pensando más en su reutilización como sede administrativa antes que para una Expo». Suyo es el diseño de esa gigantesca cesta que se erige a la entrada del recinto de Ranillas. Un edificio vacío, abandonado y cerrado a cal y canto, y con el futuro más incierto de todos los iconos arquitectónicos de la muestra. Un proyecto que «para nosotros ha sido fundamental y el más internacional de todos», y que ahora «duele que no lo usemos para nada. Es terrible y muy triste tenerlo ahí cerrado». Pero lo peor es la sensación de «silencio absoluto» actual.

Son palabras de Daniel Olano, que destaca que su adaptación como sede de Educación no solo era posible sino que «ya la diseñamos» durante el transcurso de las obras. Incluía una gran flexibilidad y «por poco precio». Se podría planear incluir dos forjados intermedios o con otros elementos «a medios niveles» que aprovechara la entrada de luz desde ocho puntos distintos.

Olano recuerda el «interés» del exconsejero Rogelio Silva para convertirlo en un referente de Justicia y como trabajó junto al exviceconsejero Juan José Vázquez en la posibilidad de abrir allí una «gran biblioteca de investigación que exhibiría obras maestras incunables», de libros «raros y antiguos, al estilo de las que existen en Estados Unidos». Recuerda que se llegó a hacer el proyecto básico, antes del silencio actual. Desde entonces, «solo conversaciones informales e informaciones oficiosas».

Y ahí se encuentra este icono que costó 33 millones de euros, «solo un 20% de sobrecoste», es decir, ocho millones más que se debieron «sobre todo a las prisas por llegar a tiempo». Olano asegura que «con cinco o seis millones sería suficiente» para adaptarlo a nuevos usos y recuerda a sus gestores que «es un edificio que nació con voluntad de ser de uso público». «Esperemos que no se convierta en una discoteca», bromea. Mientras, se conforma con verlo en spots publicitarios, el último el de la firma de coches Maseratti. Y admite que «lo que más me desgasta» es el uso que los jóvenes a veces le dan a su palenque, para patinar, porque «se creó para otras cosas».

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